Ángelés Asensio nos regala una Antología de poemas dedicados a Andalucía y cada una de sus ocho provincias (Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla). La autora además de sus poesías nos introduce cada uno de los nueve capítulos (uno para el conjunto y otro por cada una de las partes) con breves notas que tratan de historia, personajes relevantes y un toque gastronómico. Siguen versos escogidos de autoras y autores, unos clásicos y conocidos, otros que descubrirás, quizás, hoy. Andalucía y sus poemas.
Además de en estas páginas puedes disfrutar de las creaciones de Ángeles en:
A mi hermano en su cumple... Te quiero con la vida.
ANDALUCÍA. Ángeles Asensio.
Un embrujo de folclore y color... Sembrado al sur,.
un mezclarse entre volantes con los duendes de alegría.
donde el llanto se hace cante, y cantando su agonía,.
baile y copla, risa y llanto, al son de las castañuelas,.
mezcla un concierto de palmas con la luz de las candelas.
y este ritmo se hace danza ¡En todo el pueblo andaluz!.
Jaén; tierra de olivar... De llano seco y colina,.
de vientos que han retorcido los troncos con la sequía;.
de perlas hecha aceituna -milagro de verde oliva-.
con suave tacto y aroma, aceite que se rocía.
como liquido cremoso de mejor gastronomía,.
y orgullo de un campesino que le dedica su vida.
Besando el Guadalquivir mi Córdoba se levanta;.
artesanía de calles y rinconcito con plaza,.
blanco de cal es el fondo de sus macetas colgadas.
En la plaza de la Concha -como un pañuelo de ancha-.
luce un farol en su calle que en la noche se destaca,.
y el murmullo de la fuente que al silencio te reclama.
Poetas Andaluces. Poesía de Andalucía. Este rinconcito no tiene más objetivo que el mostrar al mundo el corazón y el sentimiento andaluz a través de las palabras de sus poetas.
He visto abandonado en una vía el viejo y oxidado antiguo tren, y cómo su vagón desvencijado -que nunca olvidaré-mostraba destrozados los asientos tan llenos de recuerdos de un ayer... y evoca mi memoria aquellos días que alegre viajé, cargada de paquetes y maletas atadas con cordel, buscando descansar en la cantina que olía a buen café, y hablando con vecinos de otra mesa de nada de interés. Recuerdo al vendedor de los refrescos, la gente que esperaba en el andén, recuerdo aquel bullicio con las prisas llevando el bocadillo de comer, su viejo
traqueteo; y cuando avisa silbando por un paso a nivel.
Recuerdo
la emoción, las despedidas... Recuerdo los retrasos de mi tren.